lunes, 11 de enero de 2010

El Bulli: la historia jamás contada

Nota previa: artículo publicado en Apicius bajo la égida de Javi Antoja, los dioses lo guarden muchos años.

Ferran paseando por los bosques del Cap de Creus, oliendo cipreses y pinos y, por la noche, transformándolos en sorbete. Ferran poniendo un jamón ibérico entero en la olla para hacer un caldo esencial. Ferran pescando, de madrugada, secretamente, pulpitos en Cala Montjoi…
Leyendas urbanas, seguramente. ¿O no? ¡Quién sabe! Porque la mitología de Adrià ya se pierde en la noche de lo inescrutable, y, en verdad, da igual lo cierto y lo falso, lo único que importa es el cambio de sistema que ha protagonizado, la “catástrofe” (en sentido matemático) que ha provocado en el mundo de la gastronomía y además en el del arte, la cultura y la sensorialidad. Joder, sí, incluso nos ha regalado un nuevo sentido, suma no homotética de todos y que antes no habíamos advertido ni disfrutado. Por decirlo literariamente, nos ha descubierto un nuevo color (¡qué sueño!), nos ha enseñado a leer una imposible partitura sinestésica. Nos ha dicho cómo comer con el cerebro. Nos ha dado el algoritmo perdido para la felicidad.
Ferran leyendo en noches eternas El práctico y recitando, por la mañana, todas las recetas. Ferran en Sevilla fatigando la noche tapera en busca del mejor corte de jamón…
¡Y ahora dicen que hace cocina molecular! De hecho, la percepción desde fuera de la cocina contemporánea española --que en realidad parte de él, y que, digámoslo sin tapujos, la ha creado él a partir, naturalmente, de la nouvelle cuisine y de la nueva cocina vasca y catalana-- es en el extranjero esta perífrasis absurda que nada significa. Amigos, la nueva gastronomía española sólo puede tener un nombre: Ferran Adrià. OK, OK, nada viene de la nada, pero la mutación sistémica sólo se puede atribuir a Ferran. Por esto mi apuesta, en la búsqueda de un nombre que explique la revolución planetaria surgida de El Bulli, sólo puede ser “Adrià”.
Movimiento Adrià, pongamos. Aunque él, Ferran, en una especie de ejercicio de humildad sobrepasado ya por su ingente y algorítmica creatividad, siga disimulando con manifiestos de 23 puntos que deben ser discutidos y bla, bla, bla. Insiste: este año, en el Congreso LMG ha propiciado una mesa redonda que quiere discernir si lo de ahora es una evolución de la nouvelle cuisine o una revolución. ¡Come on, Ferran! Quitémonos la ropa y gritemos la gran, la definitiva verdad, el largo futuro: Ferran Adrià. Este es el nombre. Un nombre que ya puede enorgullecerse de haber trascendido generaciones: la de Juan Mari, la de Martín y Santi, la de Andoni y Quique…
¿Dónde empezó todo? Yo digo que en la “menestra de texturas”. Año 1994. Plato fundacional que, en aquellos tiempos de cursos primaverales en El Bulli, era a la vez provocación y a la vez ejercicio. Ferran daba un premio a quien adivinara los ingredientes. He de decir que yo gané en mi curso. El galardón, un plato nuevo a probar. La menestra…Estamos ante el auténtico icono de algo que ya no tenía nada que ver con nada.
¿Voy muy rápido? Pues un rato de chill out. Ferran, hasta 1987, se dedicaba a copiar, aunque, y también hay que decirlo, copiaba de muerte. Poca coña. Pero es en este año cuando, en Niza, en Le Chantecler, Jacques Maximin le ilumina: “crear es no copiar”, le dice. He aquí el punto de inflexión de nuestro héroe. Pero, ¿cómo llevarlo a la práctica? Fácil: si es francés no lo hacemos; mediterranicemos y catalanicemos nuestra cocina. Aún hoy, Ferran se arrebata cuando suena el nombre de Maximin, y no disimula su admiración, como tampoco disimula que la famosa tortilla de patatas deconstruida fue obra de Marc Singla (mientras estaba en el equipo de El Bulli). Ahí tenemos uno de los rasgos definitorios del genio. Pero hay muchos más. Todos.
Estamos a finales de los 80. Je, je. Radicalización. Ya no hay nada atrás, excepto una sabiduría culinaria aprehendida al viejo estilo. Ahora el espacio se extiende, virgen, a quien quiera conquistarlo, sin rémoras, sin ideas preconcebidas, sin equipaje. Es el inicio de la algarada que luego devendrá revolución. El mar, el mar que llena Cala Montjoi de luz, de azul, de aromas, es la primera víctima del vendaval “Adrià”. Cocciones mínimas, tratamiento exquisito de los moluscos (se matan en 2 segundos con agua hirviendo, conservando increíblemente toda su textura, todos sus líquidos, todo su sabor), se empieza a utilizar el jugo de la cabezas de las gambas o cigalas…
Y empieza a escribirse una novela inédita. El pasado son las recetas; el presente es el concepto, las líneas de actuación, la provocación. Comienza, colegas, la Edad Contemporánea de la cocina, en donde pasamos del placer del gusto, al que no se renuncia, al placer del cerebro, de la razón. Ferran ha llegado para quedarse.
Estamos en un punto crítico. Ferran ha escuchado a Maximin y ha decidido lanzarse al Mediterráneo, a Catalunya y a España. Y el tío va heavy: deja de leer libros por la cara, para no contaminarse. Y vuelve su mirada opulenta hacia nuestros productos. Aceite de oliva, por ejemplo. Conviene recordar, a estas alturas, que en aquellos momentos las verduras, por ejemplo, se salteaban con mantequilla. ¿Te suena? Él ya empieza a alucinar. Aceites aromáticos, mar y montaña, tapas, guisos al momento (fuerte, fuerte), utilización de productos autóctonos (esperdenyes, pulpitos, calçots…), descaro con los gazpachos, ajoblancos (1989)… Me olvidaba de las adaptaciones, y ahí vamos fuertes. En 1989 se crea el gazpacho de bogavante, cuya influencia está más allá de comentarios.
En tres o cuatro años Ferran se convierte en el “jefe” de la intensificación de las técnicas culinarias con aceite de oliva. Fácil decirlo ahora, ¿eh?
Pongamos un ejemplo rotundo: la parrillada de verduras con trufa negra y jamón (1990), con todos los vegetales salteados. Y desde hace tres años hace fumets de agua de mar, usa los jugos de las setas, o los del asado. Pionero.
Conviene ahora parar y hacer una pequeña reflexión. No, una gran reflexión. Ésta es la primera y la más grande revolución de Ferran. De ahí nace todo. ¿Espumas? No, no; el primer gran cambio es el que acabamos de citar. ¡Y parece que nadie se acuerda! Hablamos de una influencia real, verdadera, amplia. El origen de todo lo que ahora parece trivial. Ferran, una vez más.
Nadie se daba cuenta, excepto unos cuantos fervorosos que, al año siguiente, en 1991, abrazamos sin preguntas la nueva religión culinaria surgida de El Bulli que hablaba de sentimientos, de emociones. En esta época, y lo juro, la gente, yo mismo, lloraba con algunos platos. Sí, lágrimas. Creedme. Es entonces cuando, además de asombrar a la novia con una noche de intensidad inagotable y final feliz, El Bulli nos lanza a nuevos mundos que están en éste. Las licuadoras. Extrapolación extraordinaria de la cocina doméstica. Y también radicalización y conceptualización.
¿Sigo yendo rápido? Pues tómate algo relajante porque vamos hacia el hiperespacio. En 1991, un año después, Ferran ya se lanza con los contrastes de temperatura. ¿Recordáis el Irish Cofee, ya antes, en 1990? ¿Y, en 1992, la cocina de moldes, con las copas, las cucharas? Siempre, siempre muy fácil ahora. Pero no entonces…
Llega el mito. Las espumas. “Xavi”, me dijo en 1994, “con esto me voy a hacer millonario”. Bien, no ha sido exactamente así. Pero lo cierto es que las espumas nacen con Ferran tomándose unos jugos en un local barcelonés de efímero éxito que se llamó Jugolandia. Los jugos llevaban espuma por arriba y de ahí… Ferran siempre ha dicho que él no inventa, sino que aplica lo que él ve, curiosamente lo que no ve nadie. Surge la idea. Espuma sin nata. ¿Y si utilizamos un sifón de montar? OK. Pura leyenda. La primera, de judía blanca.
No obstante, Ferran ya es culto antes. 1992. ¿Recordáis? Lo pongo tirado: tuétano con caviar. Sí, sí, un plato paradigmático. Una combinación imposible que le salió de golpe, por la “face”. Mira, te lo cuento: ¿qué es lo más raro que podemos combinar? En este año, aclaro, Ferran iba a saco, buscando rarezas, imposibilidades. Y así fue. Platos flipantes. Ahí no había idea técnica previa, no había concepto. Esta receta, que es Dios, fue sólo la inspiración del demiurgo Adrià. El primer concepto “serio” fue el merengue sin clara, pero este es otro viaje…
¿Te queda algo? Es que ya vamos espídicos. Oye, mira, gelatinas frías. Gran frase, porque si no existieran las gelatinas calientes, creadas por Ferran, no diríamos “frías”, ¿vale? Pues los nuevos usos de las gelatinas frías nacieron en lo que podríamos llamar taller seminal de El Bulli, en el estudio del escultor Medina Campeny. No da gusto, y si se aligera es una sopa. Metal, tío.
Casualidad, nada. En 1990 Ferran, porque los ve en Gault Millau, viaja a Bras y Gaignaire y advierte la “no tradición”, se da cuanta de que son los últimos revolucionarios. Esto lo marca subconscientemente. Y él tira. Descontextualiza. El uso de las licuadoras que hablábamos antes. Una deuda, sí.
Porque en 1992 Ferran ve un camino que nadie ve. La luz, amigos. La cocina de los helados y los sorbetes salados. Umm. Él va por ahí. En 1993 Robuchon hace algo. Pero Adrià tiene una visión más prospectiva. Sigue. De hecho, se inspira sin saberlo en Guerard, pastelero pasado a la cocina y que traslada técnicas ignoradas en los restaurantes. Dulce-salado.
En 1993 Ferran decide suprimir el carro de postres. La toma de la Bastilla, cuando menos. Empieza a trabajar con su hermano Albert, a la sazón encargado de la pastelería de El Bulli. Pastelería, tío, pastelería. Otro punto de inflexión importante.
¡Menudo año el 93! Una vez más Ferran rompe esquemas: primera experiencia de trabajo en equipo, con Andoni y Bixente. No, nunca se había hecho esto. Primer equipo creativo de la historia. Sueros de queso, pralinés salados. “Fue una lástima que no se quedaran dos años más”, se lamenta a veces Ferran.
1994 y me pregunto cuánta gente está usando el sifón en el mundo. Pero El Bulli está con poco bagaje, con pocas técnicas; los menús están muy monopolizados. Tiempo de sorbetes salados, como el de parmiggiano, que abre caminos. ¡Hey, en el límite está el uso del nitrógeno líquido! Además está el consomé de jamón (era verdad). Aunque lo más decisivo es el descubrimiento de Japón y del mundo. Otras cocinas. Y, no, nadie lo había hecho antes. Otra vez, tío, el primero. Hasta aquel momento todos hablábamos francés. Ferran descubre el planeta.
Para el final de este año lo mejor, lo improbable: el ravioli líquido. Aquí todos nos quedamos mudos. Supongo que hasta él, cuando, haciendo una lasagna, se preguntó por qué no rellenarla. ¡Y vaya si lo hizo! Con mousse de maíz, nene. A veces, todavía recuerdo aquella impresión…
1995 es el año del descubrimiento de los caramelos y crocants en el mundo salado, aunque ya un año antes hay un plato fundacional que es el foie gras con sorbete de mango y trozos de mango caramelizado. La idea de los crocants surge con Ferran comiendo Eagles. El tipo alucina y hace unas patatas con caramelo de miel. ¡Qué sumas! Pero en definitiva, y otra vez es el primero, nuestro prota acaba de entrar el “crack” en la cocina. ¿Ya le vale? ¡Ni en coña!
Deconstrucción. He aquí uno de los “turning point” que definen la nueva cocina planetaria. Ferran, una vez más. ¡Qué huevos! Y lo cachondo es que fue sin pensarlo. De repente se dan cuenta de… Hagamos platos conocidos con texturas nuevas. Y el mundo cambia con unos huevos al plato que se transforman en un huevo de codorniz, un gazpacho de tomate y un plátano envuelto en bacon. Pero, ¡esto es un arroz a la cubana! Ácido. Lisergia. Cuando advierten lo que han hecho (aún sin saber la repercusión que tendrá) lo bautizan como “platos reconvertidos”. Pero surge un pequeño problema porque están escribiendo el libro “Los secretos de El Bulli”, y hace falta un nombre mejor para este último invento. Bob Noto, un gourmet radical italiano que tiene una prima arquitecta, da con la solución: “deconstrucción”. Derrida pasa al olvido a favor de Ferran, que con esto marca la verdadera revolución culinaria. Luego vendrán más rupturas, como el “reconstruccionismo” y la “desestructuración”, pero todo nace aquí.
A partir de ahí nos entendemos más. 1996. El huevo caramelizado. Puta salamandra. Puto soplete. No dirías nunca como fue eso. Tan fácil como: había un huevo en la mesa y, al lado, caramelo. Lo juntamos. Sin más leyenda, hombre. Pero este juego insolente ya empieza a calar en El Bulli, y adaptan (inician tendencia) los dosificadores de salsas que han visto a algún loco de los USA, a la vez que entran en un trance lúdico que los lleva a jugar con lo infantil creando piruletas, polos… Y acaban de inventar (muy poca broma) la risa en el restaurante. No, no, no existía. Del patio del cole a la sonrisa en la alta cocina. ¡Anda que no!
“Relax, do it” Con toda la naturalidad se inventan los antepostres, como fin de una reflexión de cómo pasar de las carnes al dulce. El primero es el tatin de manzana y foie gras. Cambian las estructuras y los horizontes son sólo espejismos. El reloj de las especias, plato brutal que, con un fondo de gelée de manzana ofrece un recorrido salvaje por los paisajes de Marco Polo. Juego. ¿Qué es esto?
También es el año del minimalismo. De las declinaciones (tomate en texturas). Y el primer acto de la gran ópera de los snacks. Los snacks. Fácil: Ferran estaba hasta los mismísimos de inflarse, antes de la comida, con pan y mantequilla. Fácil, ja, ja. Y, por cierto, que este mundo es el menos copiado de El Bulli, porque requiere un gran esfuerzo técnico y humano.
Lógicamente, nos acabamos de cargar el carro de quesos. ¡Ohhh!
1997 es la consecuencia lógica de todo lo dicho. Se cambia la estructura del menú y se pierde la diferencia entre los snacks y lo demás; hablamos de 15 platos en total. Y de nuevos mundos: pastas y raviolis, destacando el espectacular ravioli de sepia y coco. Se crea el primer taller estable de El Bulli. Y, ojo, se plantea, para sorpresa de unos e indignación de otros, el primer plato virtual de la historia, por llamarlo de alguna manera: la mousse de humo. Un plato que es una bofetada para todos los pacatos y los integristas de la cocina.
Vuelven vientos revolucionarios en el siguiente año, 1998, el de las gelatinas calientes y el de la declaración de Robuchon, en TF1, de que Ferran es el mejor cocinero del mundo. ¡Pero esto ya lo sabíamos! Bien, las gelatinas calientes son el top, algo definitivo en la alta cocina. El principio fue banal. Estaba Ferran y su equipo en un japonés y les dieron un plato con filamentos de agar agar. ¡Gelatina que no se deshace! Alucine y un año trabajando el producto… hasta que se dieron cuenta de que lo vendían en polvo. Lo primero que hizo fue una gelatina caliente de manzana con sorbete de roquefort. Fue en un día de julio, en una mesa de dos personas que jamás sabrán (o sí) que son historia. ¿Y si lo hubieran sabido? Esto nos puede hacer pensar en la importancia de la información, puesto que sin ella podemos estar ante lo magnífico sin enterarnos.
Otra revolución dentro de la revolución, y ya nos acercamos a los presupuestos filosóficos de Trotsky: consomé gelée. ¿Vale?
Vámonos al cine. Peli hawaina. Ya sabes, collar de flores y cocktail de bienvenida. Y Ferran pensó lo obvio: por qué no recibir en El Bulli con un combinado. Dicho y hecho. El primero fue la piña colada en dos texturas, espuma y líquido.
Este mismo año es el de la vida de Oriol Castro, que se la jugó para conseguir la aparentemente imposible espuma caliente. Sin hostias el tipo calentó el sifón (se decía que podía estallar) y creó la espuma caliente de patata que luego daría lugar a la célebre tortilla deconstruida realizada por Marc Singla.
1999 es el año de la Pacojet y del polvo helado, que fue el resultado de un “defecto” (que no es tal) de la máquina. El primero fue el de maíz.
¡Qué año! Tagliatelle carbonara. Nuevos usos del agar agar como gelatina en frío en láminas. Y algo importantísimo que también inicia una nueva etapa en la cocina contemporánea: la datación de los platos (ahora es normal, pero fue Ferran, como siempre), obligada por la apertura del hotel El Bulli en la Hacienda Benazuza de Sevilla. Cambio radical de entender la cocina, porque introduce el parámetro cronológico. ¡Uf!
Los ralladores microplane aparecen, porque Ferran los encontró en un tienducho de Washington paseando con José Andrés, en 2000. Otro rollo con los quesos y los frutos secos, por ejemplo. Nuevas texturas. Y las nubes. La idea surgió de Juan Pablo del Chaflán (Madrid) y se convirtió en realidad en el Taller El Bulli de Portaferrissa.
2001 empieza con el sifón de soda trabajando la zanahoria. Y con algo mucho más importante: los olores, percepción que Ferran siente con José Andrés en Washington comiendo un cordero con una rama de romero. Ferran lo introduce en El Bulli, e incluso crea nuevos ambientes con sprays en directo de mar, bosque… Sin embargo, y a pesar de la sopa de aceite de oliva con el globo oloroso que se rompía de 2004, aún no ha sido capaz de normalizar la “cuarta pared” en el plato.
Sí, en cambio, tuvo la visión de aliarse con la industria alimentaria y con el diseño industrial. Y ahí están la paella Kelloggs con pipeta o las colmenillas a la crema. Y las olvidadas esponjas, antecedentes de los aires, cuyo origen hay que situar en las salsas muy ligeras de mantequilla elaboradas en Alemania y también por Charlie Trotter (la espumilla de encima, ok). Sí, Ferran ve lo que nadie ve.
Ahora ya vamos de Kalashnikov, porque Ferran, en 2002 decide hacer un resumen de todo lo inventado y dinamita lo más sagrado, la carta. Hemos de volver a nacer. Pues allá vamos, que también los tenemos cuadrados.
He de decir que, en 2003, fui de los primeros en probar el aire, una tarde indolente con mi hijo Paris en la cocina de El Bulli. ¡Gracias, Alberto! Fue el de zanahoria, y supe, supimos, que estábamos ante otro cambio de sistema. “El perfume en el plato”, lo definió Rafa Morales, el chef que tiene Ferran en la Hacienda Benazuza. La historia de esta técnica es larga. Ya hacía tiempo que Ferran quería superar las espumas, ir más allá en la levedad. Investigaban. Trabajaban. Y un día, con una cadena de televisión grabando en el restaurante, Oriol le gritó a Ferran… Había logrado hacer un aire de manzana sólo con el licuado de la fruta y un minipimer… Luego se probó con otros productos, pero funcionaba con pocos: el aire “bajaba”. Y entonces Internet. Búsqueda “espumantes”. Resultado: lecitina de soja. ¡Hecho! El aire, una de las técnicas más reconocibles y amplificadas de El Bulli hoy.
Pero Ferran no tiene freno. Va sin jockey. E inmediatamente creó el aire helado, que requiere una técnica muy compleja y que se expresó primeramente con la vainilla. Nada comparable, sin embargo, con otro de los hitos bullinianos. Nada más y nada menos que la sferificación. La básica, entonces. Saliendo de una factoría de productos alimentarios, vio una salsa con unas bolas. ¿Qué es esto? Alginato y cloruro cálcico. ¡Al Taller, pollos! Y, sí, claro… Cambiando los tiempos se hizo la magia. Interior líquido. Pero aquello fue sólo el principio, porque la técnica era muy limitada. Así y todo, de aquel primer experimento nos queda el caviar de melón.
La mente de Adrià se va soltando este año. Hay furor creativo y resultados espectaculares e históricos. Láminas heladas para envolver coulants, barbapapá… ¿Cómo es posible que nadie, en toda el recorrido de la cocina, no hubiera advertido lo increíble que es esta última textura, que Ferran trabaja hasta como papel?
Llegados a este punto, pensemos, pensemos. ¿Qué cocineros españoles habían ido, antes de 2003, a Japón y a China, y aquí incluimos El Bulli? Ferran, al fin, lo hace. Y, viendo la yuba, la piel de la leche de soja, crea la piel de leche, laminada, tratada como pasta. El mundo se empieza a hacer pequeño.
Y llega 2004 con la gran explosión de las texturas. Ferran, que ya está en otro planeta, se aplica en la adaptación de los hasta entonces desconocidos productos de la industria alimentaria. Estallan los nuevos gelificantes. Ante tamaña tormenta Ferran empieza a trabajar con Pere Castells, el científico, que le hace de puente entre los fabricantes y la cocina. Y se empiezan a exprimir los últimos 50 años de tecnología alimentaria.
Nitrógeno líquido. ¿Cuál es la verdadera historia? Pues Oriol Castro va a la feria Expoquimia, lo ve y se lo lleva para probar. El mismo Oriol, un tiempo después, va al Fat Duck y… ¡Blumenthal lo está usando! Al poco, van todos a Donosti… ¡y ven que Dani también está en ello! Sin embargo hay diferencias. El británico lo utilizaba para enfriar galletas y también para elaborar espuma nitrogenada, con lo que ya se ve la gran interrelación que hay entre los cocineros. Dani y Ferran inician un camino mucho más largo y creativo.
Pero los inventos texturales no acaban aquí. 2004 también nos lega los terciopelos, que se obtienen mediante un proceso de decantación de jugos licuados. ¡Si el profesor Franz de Copenhague levantara la cabeza!
En 2005 se expresa en toda su plenitud el naturalismo, que ya se apuntaba en 2003 con platos como la bola de nieve y la tierra, homenajes al Mibu. Pero este movimiento de carácter sereno colisiona con la locura de los productos texturizantes que llenan las fantasías de Ferran. Xantana para hacer salsas imposibles (es capaz de ligar un litro de fondo de carne sólo con 2 gramos), metilcelulosa para hacer merengues calientes sin clara, goma gellan… Es la folie. Paralelamente, el mago se saca otro conejo de la chistera en forma de liofilización, una técnica compleja y cara que abre un nuevo universo de posibilidades ignotas. Fruto, además, de la investigación, se consigue la sferificación inversa, que permite esferificar más productos (incluso lácticos) y alargar la conservación, caso, por ejemplo, de las famosas aceitunas.
Y Ferran, que pisa fuerte, se carga el plato de pan e introduce el producto como un componente más del menú. ¡No hay manera con este tipo!
Llegamos por fin a este año. 2006. Un año de sabores equilibrados, glamourosos, plenos. El uso de materias de nueva generación lleva dar un paso más en la sferificación, que ahora se elabora con gluconolactato. Ya se esferifica todo, colegas. Y aún más allá, porque Ferran va suelto. La encapsulación, que permite encerrar en bolas todas las materias grasas. El aceite, sin ir más lejos. La proteína de soja induce la creación de merengues sin clara. Se crea el croquanter, que recrea formas cristalinas de purés de frutas. Se manipula la deshidratadora para hacerla servir de horno y conseguir masas con más sabor. La maltodextrina, inspirada por Wylie Dufresne (el único cocinero que está investigando los hidrocoloides y otros productos al nivel de El Bulli), logra increíbles polvorones.
Las nuevos fondos de carne ya se elaboran sin huesos, ligados con xantana y jugando en trompe l’oeil con los conceptos de sopa y salsa. Con un uso novedoso del vacío se consigue perfeccionar y estilizar la forma de algunos moluscos, como las navajas. Entran las semillas con fuerza y descaro, con platos tan geniales y estupefacientes como “el origen de la vida”.
Y un último too much: las algas frescas, dramático retruécano que sigue elevando a Ferran al solitario cielo de las vanguardias creativas.
Qué historia, ¿no?

14 comentarios:

  1. Acabo de estar ojeando este post y la verdad es que me voy a guardar este blog en mis favoritos para leerlo luego más tarde cuanto disponga de un rato libre.

    Buen descubrimiento. Lo visitaré a menudo.

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  2. Muchas gracias por esta confianza diferida! Espero que tu lectura sea, por lo menos, un destello de fantasía en medio de esa desolación que nos quiere engullir. Un placer recibirte.

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  3. Maravillosa historia Xavier!
    Felicidades en tu día! Te deseo un año 10!
    Me ha atrapado tu escrito y lo que es más, no había leído una sintesis igual del genio Adrià y sus técnicas puestas en el tiempo. Felicidades sinceras,

    Carl

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  4. Siempre me pareció un grandísimo artículo.

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  5. Me gusta que nos veamos por aquí también, Xavier. Bienvenido.

    Saludos de un lector del Noroeste.

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  6. Que los dioses te guarden a ti muchos años también.

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  7. Maravillosas sensaciones hemos recibido en nuestra visita anual a ferran y a Juli. El Bulli cada año está en nuestra agenda de lo inevitable.
    Pero esta detallada y compleja explicación de una increíble historia solo puede salir de la pluma de Agulló. Genial tío.
    Un abrazo.
    Juan Robles

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  8. Sinceramente me he quedado absorta, y que bien lo explicas... Feliz día !!!

    Unos besitos.

    Crissss

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  9. Enhorabuena por el blog!
    Y gracias por esta cronología de EL Bulli que mmhhh! me ha recordado tantos y tantos momentos excepcionales.
    Yo también lloro lagrimones de felicidad en El Bulli; antes, durante y después de la visita. Siempre. Porque cada vez me sorprende, me provoca, juega con mis sentidos y se queda conmigo. Porque me siento privilegiada de poder descubrir nuevos mundos o porque me enseña a mirar lo que no había sido capaz de ver antes. Porque me enseña a mirarlo con otros ojos o desde otro punto de vista. Porque me muestra la sencillez magnífica de un ingrediente de calidad, y a continuación hace de la sofisticación y la esquisitez un hecho natural...Porque es un genio.

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  10. Era sospechable que todos estuviéramos de acuerdo... Porque todos, de un modo u otro, hemos apartado el arco iris y hemos descubierto que la magia es posible.
    Y muchas gracias por vuestra visita. Vuestros comentarias me hacen sentir bien...

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  11. Estoy feliz x haber descubierto este blog. Apenas he leído 2 posts y ya tengo intención de seguirme con los demás.Wooow!!!Ya habrá oportunidad de intercambiar ideas.
    Gracias y saludos,

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  12. Reflexiones a propósito del anuncio de Ferran Adrià en Madrid Fusión 2010

    http://brillat-savarin.blogspot.com/2010/01/no-se-van-por-tabaco.html

    Un abrazo,

    eduard

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  13. Obrigado... Vuelvo a la carga este weekend tras un parón obligado por viajes compulsivos.

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