miércoles, 13 de enero de 2010

Los "sabedores" (no es un cuento)

Los “sabedores” son despreciables. Son esos ingratos que nos joden recurrentemente desde su impostada superioridad, fruto siempre de una personalidad borderline, una posición frívolamente ventajosa, una audacia indecente y, desde luego, una ignorancia pavorosamente activa.
Los “sabedores” ni tan siquiera saben que lo son. Su cerebro es un magma plástico que salpica terror aquí y allá. Chillan desde el desconocimiento, agreden desde la estupidez y pontifican con los argumentos del caos.
Hay sabedores en todos lados. En las tertulias políticas de televisión. En el gobierno. Entre los periodistas o críticos gastronómicos. Tenemos siempre uno aquí, a nuestro lado.
Los “sabedores” son, naturalmente, ortodoxos; pero con un corpus filosófico extraviado en la oscuridad. Es así como nos retrasan, nos laceran, nos detienen. Armados de barbarie, progresan con una extraña superioridad mientras van repartiendo negrura y rechinar de dientes.
Los podemos distinguir fácilmente, a los “sabedores”, por sus frases lapidarias al viento.
A los “sabedores” no les basta con esparcir sus tinieblas; son instintivamente censores de todo lo que no comprenden. Son los que nos dicen lo que es bueno o malo, los que deciden qué podemos hacer y que no, siempre con ese falso lustre de equilibrio que les confiere su status o su implacable “creencia universal”.
Chulescos y engreídos, esos petimetres cuelan la desolación por las rendijas de nuestra tolerancia. Su ignominia ciega es nuestra decadencia, porque embrutecen de turbulencia y desesperación aquellos horizontes que antes fueron soleados.
Son inmunes a los argumentos, porque la inteligencia es sólo un ruido para sus oídos. Son capaces de magnificar el anacronismo creyéndolo novedad. O denostar el brillo con sus ojos vulgarmente mates. Su cultura es efímera. Sus opiniones han sido gestadas online.
Los “sabedores” también son muy veloces. La falta de autocrítica –concepto ajeno a su por otro lado inexistente mundo sináptico-, la violencia ante el contraste y la educada timidez de quienes los rodean los hacen correr sin obstáculos al estrellato intelectual. El tiempo está siempre de su parte.
Los “sabedores” son los que antes llamábamos ignorantes.
Su entropía imparable nos destruye.
Estamos rodeados. No sé si yo mismo…
No; no hay esperanza.

17 comentarios:

  1. Bien, muy bien Xavier. Pocos son los que puedan escapar de tu definición/calificación de "sabedores". Y los has definido con mucha propiedad y crudeza.

    Tienes razón, no sé si yo mismo e incluso tú podemos escapar de tan cruda realidad.

    Nadie debería enojarse, ni siquiera sorprenderse por tu inteligente repaso a los "sabedores", entre otros motivos porque son ellos mismos, tal vez somos, los que jamás sabremos que podemos ser reconocidos como "sabedores". La ignorancia es muy superior a cuanto puedas imaginar y me consta que eres sumamente imaginativo y perspicaz.

    Una vez más certero y disparando con mira telescópica.

    Un abrazo.
    Juan Robles

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  2. Sí, cierto, todos tenemos un poco de esa "sabiduría" presurosa... Como decía Martin Luther King, "nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda". Hiló fino, ¿eh?
    Més festivamente lo cantó Hector Lavoe: "Déjate de tanto alarde, y vive la realidad, ay pues por mas que tú trates ,el mundo no cambiará; yo sé que te dicen sabio,sabio sabio tú serás, pero con tanta sabiduria,y tú no tienes felicidad...
    Tú tú tú no tienes felicidad...
    De sabio no tienes na...

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  3. Decía Martin Luther King, "nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda". Hiló fino, ¿eh?

    Sumamente fino hiló Luther King.

    Pues apliquémonos TODOS este sabio dicho del mismo y seguro que con un poco de esfuerzo conseguiremos cambiar nuestras vidas potenciando la comprensión hacia los menos sabios, hacia los más tontos o ignorantes y tratando de conseguir la empatía que necesitamos en esta complicada sociedad en la que nos ha tocado vivir.
    "Los “sabedores” son despreciables. Son esos ingratos que nos joden recurrentemente desde su impostada ..."

    ¡Ya te digo.!!

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  4. Todos, en algún momento, tenemos algo de esos sabedores, de la cultura del refrito y de esa triste tendencia a sentar cátedra que, por mucho que lo intentemos, antes o después acaba por aflorar aun en contra de nuestra voluntad.

    Pero dentro de esto, dejando a un lado el sabedor ocasional que todos llevamos con nosotros y que de vez en cuando liberamos inconscientemente (mea culpa), hay una subespecie si cabe más desesperanzadora, que es la que Eco definió con la parábola del Doctor de Salamanca, un ficticio doctor del S.XV, máxima autoridad en astronomía y geografía que, de pronto, con el descubrimiento de América vio sus saberes superados y su prestigio en peligro. Entonces, en lugar de plegarse a los avances y aceptar un papel secundario, con la esperanza de poder aportar algo en el futuro a esa nuve ciencia, decidió convertirse en especialista en negar el descubrimiento y sus implicaciones. De ese modo, el Doctor de Salamanca volvió a ser una autoridad y a tener muchísimos discípulos y seguidores, a pesar de saber, como sabía, que argumentaba contra algo incontestable y que finalmente estaba condenado al olvido.

    Esos sabedores que se convierten en autoridades en "el contrario" (¿El contrario de qué?. Pues depende, ¿Qué argumenta el otro? Pues yo lo contrario) son los verdaderamente descorazonadores.

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  5. Sería infinita la taxonomía de esos "sabedores", Gourmet, y su estudio nos llevaría a lo más oscuro y tenebroso, allí donde "hay que abandonar toda esperanza". Pero, oye, es que no me conformo a vivir sojuzgado por la negrura...

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  6. Pues si, hay varios motivos para el desconsuelo. Pero al mismo tiempo vivimos un momento emocionante en cuanto a las posibilidades que ofrece para el optimismo y para creer que, al final y con todo, esta historia de la gastronomía tiene mucho futuro y muy brillante.

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  7. Un día me sentí "sabedor" pero descubrí, gracias a la mutación de Mr. Ego en Ratatuille, que de este lado ocuro, con esfuerzo, puede uno escaparse.

    Felicidades por la brillante, aunque también algo "sabedora", definición regalada.

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  8. Sí, naturalmente... En esta geografía que citas los paisajes son más soleados que umbrosos gracias a muchas mentes luminosas. Así y todo, y tú lo sabes, los espectros acechan y aguardan cualquier resquicio para inundarnos de cadenas...

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  9. Me temo que sí, que el vértigo me engulle y me hace ser promiscuo con "el enemigo"... Volveré a luchar...

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  10. Me gustaría presentarte la reflexión que me ha suscitado tu post.

    Seguidamente encontrarás el enlace a:

    A propósito de los "sabedores"

    http://brillat-savarin.blogspot.com/2010/01/proposito-de-los-sabedores.html

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  11. QUERIDO XAVIER ESTA DEFINICION ES LO MAS PARECIDO A NECIO, QUE A PROPOSITO DE ESTA PALABRA ANTONIO MACHADO DECIA QUE "NECIO ES AQUEL QUE CONFUNDE VALOR CON PRECIO"

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  12. Excelente reflexión, Xavier me han gustado mucho tus palabras. Y muy bueno el último comentario de Tanacho,

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  13. Muy acertado y preciso, sí... "A cabalgar, a cabalgar..."

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  14. El mejor ataque a un sabedor, es hacerser pasar por uno de ellos (a sabiendas...), sabiendo que el sabedor nunca descubrirá tu impostura, ya que no puede rebatir argumentos tan falaces, obtusos y necios como los suyos.

    Jugad a ser sabedor con uno de ellos, es una partida de poquer, en la que sólo se puede saber ganador el sabedor impostor.

    Se sabedor con los sabedores, impostar sabiduría, es sencillo, es más fácil que impostar humildad, la humildad no se imposta, se destila, se huele, es ese aura visible que tan pocas veces atisbamos en un ser vivo.

    ¡Por Kerouac! Salid a la carretera y desenmascad sabedores.

    Humildemente un servidor, que se confiesa sabedor en ocasiones, y pontífice en las especiales.

    Julio

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  15. Sí, claro, tu argumento muy de dilettante encaja a la perfección con el nombre de este blog... Es divertido hacerlo, da placer intelectual pervertir la retórica con semejantes individuos, pero, ¡ay!, ni eso los cambiará, ¿no crees?

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  16. Hum... Son cobardes, verdad... ¡Pero muchos! Aunque habrá que intentarlo...

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