lunes, 11 de enero de 2010

Sólo un sueño

Hacía tiempo que, cada noche, tras las tremendas borracheras que pillaba, cuando lograba arrojarse sobre la cama, le inundaba uno de esos sueños recurrentes que se prolongaban hasta el despertar, siempre después de las cuatro de la tarde. En él, se veía a sí mismo un hombre nuevo, diferente. Sobrio hasta la asquerosidad. Le inquietaban esas pesadillas, que incluían una aburrida vida de trabajo sin ningún tipo de diversión, no sólo por lo absurdas y distantes que le parecían, sino porque tenían algo de ominosa premonición que no acababa de entender. Como si tuvieran algo que ver con él. ¡Con él !
Aquella mañana, pronto, no serían más de las siete, se despertó con sobresalto. Una extraña sensación de novedad le recorrió el cuerpo. Confusamente, se levantó. La sensación de claridad mental y el paisaje doméstico que se abría a sus ojos le produjeron un peculiar desasosiego. Como si no fueran con él. Como si todavía estuviera soñando. Pasó por delante del bien surtido mueble bar sin comprender que hacía allí. Todo era curioso, como jirones de sensaciones que se entremezclaban sin resultar del todo exóticas ni del todo habituales. Abrió la nevera y descubrió, con alegría, que quedaba una botella de agua. Se sirvió tres generosos vasos.
Cuando salió al rellano para ir a trabajar, a las ocho en punto, vio con disgusto a su vecino, un dipsómano impenitente que esa mañana no había podido ni abrir la puerta. Estaba, tirado junto a la misma, durmiendo la mona. “¡No le da vergüenza !” gritó con asco.
Le despertó un grito. Abrió los ojos con dificultad y vio la espalda de su vecino desaparecer en el ascensor. La resaca era tremenda. Le dolían hasta los cabellos. Miró el reloj. Las ocho. Dudó. ¿Era la hora de ir a trabajar o la de acostarse ? Sacudiendo la cabeza con perplejidad, entró en la casa. Una copa le aclararía las ideas. ¿Y el mueble bar ? Abrió el frigorífico buscando una cerveza y con turbación vio que sólo había agua.
Lejos de estos paisajes, un hombre remoto despertó. “¿Sabes ?”, le dijo a su mujer, que se desperezaba al lado, “he tenido un sueño extravagante : dos vecinos que intercambiaban sus sueños por sus realidades. Son extraordinarios los sueños, ¿no ?”.

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