sábado, 16 de enero de 2010

Un jamón de Carrasco

Hoy he recibido un jamón ibérico de bellota de Carrasco. Lo he abierto morosamente. Y los colores han estallado en un vértigo de sensualidad infinita...

5 comentarios:

  1. Pues habrá que compartirlo, digo yo.
    Se me hace la boca agua.!!
    Un abrazo.
    Juan Robles

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  2. Ya sabes que la propiedad es un robo... BIngún problema. ¿has probado una tostada de pan brevemente embebedida con grasa inicial de ibérico fundida en salamandra y cubierta de caviar?

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  3. NO, coño, Xavier, no lo he probado.
    Aguanta unos días ese Ibérico de bellota de Carrasco o mejor, solicita otro para el futuro porque, como sabes, estoy en un proceso de adelgazamiento/desintoxicación/purificación y esto es un reto que debo conservar durante dos o tres meses.
    Solo me falta meterme también en unos Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola y no dejarme anestesiar por el laicismo de nuestro admirado Zapatero.

    Pero esto ya es otro tema, otro cantar.

    Juan Robles

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  4. Yo me quedaría con el caviar de aperitivo y una buena tostada con la translúcida grasa de un jamón maldonado ligeramente calentada como plato principal. ¡Qué cena!

    Y para los más arriesgados, el canapé de Joselito y jengibre (un mensaje redondo el que confeccionan la grasa del jamón y el jengibre) servido en el Bulli.

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  5. Está OK... Pero avanzamos cuando nos lanzamos a sinergias imposibles... Magnífico el caviar a pelo. Brillante el jamón solitario. Mas, ¿y si...?

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