domingo, 7 de febrero de 2010

Viaje al placer imposible. Madrid Fusión -1- (Canalleo en el Quinto Vino)

Ahora mismo no sé donde estoy. Si éste es mi ordenador, esto es cualquier sitio. Joder. ¿Sabes eso tan doloroso de levantarte a mear por la noche y darte con aristas lacerantemente insospechadas? ¿Derecha o izquierda? ¡Qué cojones…! Bueno, iba a contar el vértigo de dos semanas en ninguna parte y en todas. El abismo de una búsqueda sin concreción. La persecución de un vacío que me lleva a blasfemar del viejo Sartre: el paraíso son los demás. No, no todos, OK. El paraíso, perdón, son algunos. José Carlos. Julia. El gran Juanma. El brutal Alberto (Lucchini). El vendaval intelectual y bizarro de Alberto (Asturianos). Y Federico. Y Sergio. Y Raquel. Y las Martas. Y Yanet. Y Emma. Y Rosalía. Y Francisco y Atanasio. Sin quererlo ya vuelvo a estar en Madrid. Tengo a los Dr. Feelgood atronando mi soledad mientras sueño con un mundo donde todos fueran Sacha… Y es la nevera la que está borracha, no yo… Mira, tal como llegué a MAD el puto taxista me animó a fumar en el carro pero luego me colocó un suplemento inexistente. ¡Y a mí qué! Comercio justo. Pero el gran Juanma ya está al otro lado del móvil. Siempre está. “Tío, he quedado con Achatz, su segundo y con Dana Cowin (Directora de Food & Wine); ¿hace?”. La fantasía va a ser en el Quinto Vino, ese lugar fuera del mundo donde se esconde una extraña felicidad más allá de los urinarios. Sí. Aprietas la pared justo al lado del Roca y se abre una puerta. ¡Oh! Un speakeasy de verdad. Una apertura disimulada junto al váter que conecta con un mundo privado lleno de botellas y promesas. No puedo aguantar más: la ensaladilla rusa, con ventresca y sobredosis de Hellmans. Todo un reto para los ateos como yo. Porque a mí lo de Moisés me toca un pie, pero ese canalleo superlativo me impide respirar. Me pregunto qué diferencia puede haber entre las tablas de la ley y esos mejillones que incendian el espíritu pero no lo queman. La respuesta está en los mejillones, sin duda. Inmensos (¿es normal este tamaño o alguien ha puesto algo en mi bebida?), “dentosos” y mórbidos a la vez, con un escabeche eróticamente sinuoso… El maná y las ostias, ¿sabes?, para los asténicos hipócritas que aplauden a monstruos como Rouco Varela y luego se van de putas u obligan a abortar a sus hijas. Yo, que preferiría olvidar el día de mi bautismo, estoy metiéndome jamón y caña de lomo con Juanma, Grant, Dana y el segundo de Alinea. Flipa ver sus caras de éxtasis. “Mis clientes ya no se asombran por nada”, se lamenta Grant, cuyo pesimismo creativo combato con la fiereza que confiere el champagne alegando el gran recorrido que nos queda sólo reflexionando con todo lo hecho en estos últimos años. Aquí, mientras, suena David Bowie. Heroes. Casualidad. Y deslumbra mi mente el recuerdo cristalino de aquellas tortillitas de camarones, las sacrílegas yemas de espárrago, las sinuosas anchoas, los callos… las croquetas, que me llevan al éxtasis por un camino que busca la sofisticación no en la delicadeza sino en el exceso.
Las conversaciones se tornan densas mientras, ya sin freno, abordamos un Tondonia blanco de 1981, un estallido de complejidades –ahumados y flores; matices imposibles; muy grande- que nos arrastra al final de la noche, ese “monstruo hecho de ojos”…
(Continuará)

sábado, 6 de febrero de 2010

La perversa perspectiva de David de Jorge

Créeme, David, puedo entender una comida fantástica en cualquier tipo de lugar, incluso en la caverna del oso. Puedo también entender la fácil "gourmanderie" del "heavy consumer", el exceso físico como flirteo loco entre Eros y Tanatos... Lo que ya me cuesta más es admitir titulaciones de "modernidad" a los que van a perecer... Te recuerdo que este término se acuña allá por el siglo IV, cuando los cristianos rompen un sistema caduco para estrenar un nuevo paradigma. No reconozco estos "valores" en tu amado cocinero, no. Ni su histriónica ira de perdedor me parece muy contemporánea... Te regalen los bueyes de mar con foie gras y las butifarras negras con "everything in it", pero revisa, una vez hecha la digestión, los adjetivos que tan falaz -y perversamente- atribuyes.
El diablo que se cita en tu texto es ordinariamente anacrónico. Como su acólito.

viernes, 5 de febrero de 2010

Voy a por más y sin jockey...

Si creéis que voy a aflojar o a darme a la molicie, estáis equivocados... Justo preparando nuevos textos más allá de la corrección. Alguien tiene que hacerlo...