lunes, 9 de agosto de 2010

Montesquiu. Apoteosis de la ración

(Publicado en El Economista)
Hay varias generaciones de barceloneses que, como decía el clásico rock and roll de la famosa Route 66 estadounidense, “vivieron su diversión, sus deseos” en el bar Montesquiu de la “upper town”. Allí, en aquel bar que alardeaba de tapas sencillas pero sabrosas –especialmente las bravas- y ambiente fino pero cañoso, muchos aprendieron la liturgia del aperitivo. Entre ellos, Javier de las Muelas, el afamado “mixman” que hoy marca tendencias en el mundo de la “cocina líquida”. Javier, a la que pudo, compró el establecimiento. Lo mantuvo. Luego, tuvo un sueño. Y cuando por fin pudo adquirir los dos locales adyacentes, transformó la nostalgia en contemporaneidad. Hoy, por fin, Montesquiu, manteniendo aquel espíritu pero con una panorámica de eclecticismo gastronómico, se presenta como la nueva gran opción de “small plates” de la zona alta.
En este lugar todo es diversión con fundamento. Desde los atuendos del personal hasta el rincón de la barra dedicado a los nuevos cócteles, drys y frappés. Desde los guiños a las especialidades andaluzas o canarias hasta el rigor del maitre. La carta, la atmósfera. Resulta fácil iniciar la senda con un champagne –Veuve Clicquot, el de la casa- y vagabundear sin mucho freno por las distintas cartas que configuran la anchurosa propuesta culinaria del local, diseñado con elegancia informal. El “Quiu”, abreviatura que permanece desde los tiempos históricos, proporciona disfrute efímero –jamón ibérico, ostras, papas “arrugás”, morcilla de Burgos…- o aventuras más parsimoniosas como las sardinas a la parrilla con pan de Cea, el tartare de wagyu o los judiones de Ávila con setas. O ambas cosas. Casi que sí. Soñemos un menú posible. Profundas ortiguillas en el centro; crujiente tortillita de camarones; croquetas de generoso jamón Joselito; más croquetas, en este caso de refinado queso de fondue. ¿Vamos bien? Pues entonces hagamos parada con la coca de pan con tomate y acaso con el leve adobo del cazón. Momentos de duda que pueden inclinarnos a diferentes bifurcaciones: minicarta de huevos fritos –jamón, gambas, berenjenas…- o densidades inapelables. En esta última decisión no hay que escatimar. A degüello: cochinillo al horno de perfecto tratamiento textural en piel y carnes y, ya en los límites del enardecimiento, estofado de rabo de buey. Sí, claro, para rematar la torta del Casar.
“Comer por haber comido…”

Primer plato: crema fría de puerros con bacalao y calabaza (8,90 €)
Segundo plato: bacalao con sanfaina (9,10 €)
Postre: espuma de crema catalana (4,40 €)

No fumador
Cocina: 7
Carta de vinos: 6
Ambiente: 7
Precio medio: 25-40 €
Siempre abierto

Mandri, 56
Barcelona
Tel. 93 417 30 61

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